Con cierta frecuencia nuestro planeta se ve estremecido por las fuerzas ciegas de la naturaleza. Terremotos, huracanes, inundaciones, erupciones volcánicas y otras.

Son causa de aterradoras destrucciones, que cobran su cuota de vidas humanas, pueblos, cultivos y toda clase de edificación humana. Cada año, el hombre se enfrenta a impredecibles fenómenos naturales en las diversas regiones del planeta; la Madre Tierra, en forma implacable, recuerda constantemente al hombre su frágil supervivencia.

El avance de la tecnología permite, hoy en día, anticipar algunos fenómenos destructivos evitando una mayor cuota de daños, pero todavía no nos es posible impedir los trágicos efectos que rubrican cada acontecimiento. Pero no hay duda de que existe algo en el espíritu humano, que se engrandece cada vez que la causalidad lo estremece.

Publicado: 1998-12-31