Las crisis, tengan el cariz que tengan, siempre producen desasosiego, y se convierten en pánico generalizado cuando aparecen acompañadas por escándalos financieros como el que los salvadoreños hemos conocido en los últimos días.

En el instante mismo en que la noticia de un fraude semejante abarca los titulares exhibidos por los diferentes medios de comunicación, es imposible negar que se lesiona, contundentemente, la estabilidad social y económica de una nación. De hecho, mientras los procesos de investigación lanzan su veredicto, los efectos de la crisis no pueden menos que acaparar la atención pública con la fuerza esperada.

Publicado: 2015-11-09

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