La llegada del Nuevo Milenio fue campo fértil para generar muchas expectativas; como era de esperar abundaron las profecías milenaristas sobre inmediatas catástrofes, y muchas sectas religiosas, apocalípticas y turbulentas, rayanas en el fanatismo alertaron a sus fieles a prepararse para el casi inmediato juicio final.

En otros calderos, los llamados de reflexión para revertir las tendencias perniciosas de la globalización y la injusticia que condena a la pobreza a un cada vez mayor número de seres humanos se hicieron oír en los lujosos y alfombrados recintos de poderosas instituciones que determinan con sus decisiones la suerte de países, regiones y millones de habitantes.

Publicado: 2015-11-06