En el transcurso de los últimos años, cada vez más, llegamos a la triste conclusión de que El Salvador es una sociedad violenta. La violencia se ha convertido en un fenómeno social expansivo, que se manifiesta en un amplio abanico de expresiones de la vida cotidiana, desde el seno intrafamiliar, hasta acciones del crimen organizado, el tráfico y consumo de drogas, las maras o pandillas y la violencia institucional.

Día a día, los medios de comunicación reflejan la crónica colectiva de un emorno que se autodestruye complacientemente, obnubilando valores y rindiendo culto a una moral que se regodea en la ley del más fuerte, en el cinismo y en el irrespeto como norma de comportamiento coleccivo.

Publicado: 2005-03-01